miércoles, 17 de septiembre de 2008

El Nautilus

... Cuando llegaron al estrecho de Rande, la cantidad de galeones hundidos que la tripulación avistaba desde el Nautilus era impresionante, muchos casi enterrados por el lodo de la ría prometían una ardua tarea para los buzos.
Durante días, los buzos inspeccionaron sin descanso los pecios en busca de sus tesoros. Mientras el capitán Nemo sobre el Nautilos parado en medio de la ría de Vigo observaba desde lo alto la belleza de aquel paisaje, que para un hombre tan experimentado en viajes no pasaba desapercibida.
Después de unos cuantos días de inmersiones, el capitán Nemo decidió compensar a sus hombres con un día de descanso.
En aquel día claro y esplendido del mes de Febrero arribaron con sus barcas en la playa de Cesantes, muy cerca de la isla de San Simón, en la zona conocida como “La Punta”… sus estómagos hartos de tantas ostras, pulpos, camarones y otros manjares de la ría, ansiaban algo de carne, que auguraba ser sabrosa, pues a la vista estaban aquellos pastos tan verdes, que además tenían entre casas y Pazos, unos árboles de camelias, que en pleno invierno, lucían unas flores de color rojo, como los corales y las que eran blancas no había porcelana ni nácar de perla que las igualara.
En una vieja casona, un llamativo letrero rezaba “Taberna A Serea” y sin dudarlo entraron. La estancia era amplia llena de mesas de madera muy tosca y rustica, las paredes decoradas con caracolas marinas y conchas de ostras gigantes, daban una idea de la abundante riqueza de aquellas aguas, una vieja talla de un mascaron de proa en forma de sirena recostada sobre una gran piedra hacia las veces de mostrador. Al fondo, la cocinera delante de una gran lareira, adornada con ristras de chorizos, se afanaba en mantener el fuego que hacia hervir una olla de gran tamaño inundando toda la estancia con el olor del cocido, muy cerca colgando de una de las vigas otras ristras de ajos y cebollas entre pulpo y bacalo seco adornaban la cocina.
Los tripulantes del Nautilus tomaron asiento entorno a una larga mesa, hecha de madera de castaño, aserrada toscamente pero ya pulida por las muchas manos que sobre ella habían pasado. Paca, la cocinera se acerco a la tripulación con ánimo de preguntar que les apetecía, pero al contemplar aquellos rostros saboreando más que oler aquel cocido dijo: Teño un bo cocido que ofrecerlles, interésalles?
Las miradas y gestos de regusto fueron más que suficientes y Paca se dispuso a llenar las fuentes con los chorizos, jamón, cabeza de cerdo poyo, ternera y abundante verdura de grelos y repoyo. A los marineros aquel tiempo de espera se les hizo eterno.
Todos salieron de la taberna cantando y con la sensación de haber comido el manjar de los dioses… y aquel vino tinto del país que tanto ayudo a resbalar los manjares por la garganta, les hacia ahora sentirse alegres mientras regresaban al Nautilus.
Aquel día, trajo un hermoso atardecer, de esos que el sol convertido en una bola de fuego se sumerge en las aguas del mar allá en el fondo de la boca de la ría. El submarino comenzó a sumergirse como queriendo ir a su encuentro y cruzando el estrecho de Rande dejo atrás la playa de Cesantes, la ciudad de Vigo y tantos hermosos pueblos que forman su ría.
Navegando ya por el Océano Atlántico, el capitán Nemo y sus buzos hacían recuento de los tesoros acumulados.
… Entre ellos podían contarse una docena de árboles de camelias ascendidos ahora a la categoría de “Tesoros” que estamos seguros fueron plantados en alguna de las remotas islas donde tantas veces acudía el capitán Nemo para refugiarse y descansar de sus muchas aventuras por ultramar.

Todos saíron da taberna cantando e coa sensación de comer o manxar dos deuses... e aquel viño tinto do país que tanto axudou a escorregar os manxares pola garganta, lles cara a agora sentirse alegres mentres regresaban ao Nautilus. Aquel día, trouxo un fermoso atardecer, deses que o sol convertido nunha bóla de lume mergúllase nas augas do mar alá no fondo da boca da ría. O submarino comezou a mergullarse como querendo ir ao seu encontro e cruzando o estreito de Rande deixou atrás a praia de Cesantes, a cidade de Vigo e tantos fermosos pobos que forman a súa ría. Navegando xa polo Océano Atlántico, o capitán Nemo e os seus mergulladores facían reconto dos tesouros acumulados. ... Entre eles podían contarse unha ducia de árbores de camelias ascendidos agora á categoría de “Tesouros” que estamos seguros foron plantados nalgunha das remotas illas onde tantas veces acudía o capitán Nemo para refuxiarse e descansar das súas moitas aventuras por ultramar.
A.Cris



Este pequeño relato esta inspirado em lás figuras del monumento instalado em lá playa de Cesantes al capitán Nemo (Nemo, em latim significa nadie) Ramón Lastra creador del monumento com la ayuda del escultor Sergio Portela hicieron este monumento a “Nadie”um homenage a Julio Verne por mencionar em su novela “20.000 léguas de viaje submarino” em el capitulo - 8/II parte “LaRía de Vigo” a esta ensenada de S. Simón y la ciudad de Vigo,
Fotos realizadas por A.Cris
Cuentos de camelias y otros relatos creados por A.Cris

2 comentarios:

RAMOSFOREST.ENVIRONMENT dijo...

Que lindo!
O lugar é muito bonito e a narrativa encantadora.
O seu texto trouxe vontade de saborear essas deliciosas iguarias de Vigo.
Luiz Ramos

PS. Madonna é uma boa cantora. As vezes é Madonna é polêmica, mas eu guardo uma boa lembrança da minha experiência de assistir a uma de suas apresentações, em 1993. Em dezembro próximo, voltarei a uma de suas apresentações aqui no Rio de Janeiro.

elvira carvalho dijo...

Lindo o lugar e a história é muito interessante. Gostei.
Um abraço